Kind Hearts and Coronets (conocida en España como Ocho sentencias de muerte), Robert Hamer (1949).

La mejor tradición de la corrosiva comedia británica

El género de la comedia, cuando alcanza esas mágicas cotas de inteligencia emocional y humor sarcástico, que personalmente tanto me ha reconfortado siempre, en ocasiones te sorprende con propuestas que podríamos considerar divergentes -no me cabe duda de que los admiradores de esta película compartirán mi entusiasmo-. Porque sí considero que no cabe demasiada discusión sobre la singularidad del film que hoy traigo hasta este rincón cinéfilo. Una singularidad muy british, que siempre es oportuno reivindicar.

A nivel argumental, nos encontramos en el terreno del humor negro, combinado con una esencia cultural muy británica. No en vano es considerada mayoritariamente como una de las cimas de la comedia inglesa, alumbrada al calor de los míticos estudios Ealing de Londres durante los años 40 y 50 del siglo pasado. En esta ocasión el director Robert Hamer adaptó con altas dosis de flexibilidad, la novela eduardiana “Israel Rank”, de Roy Horniman.

Y no puede comenzar de manera más estimulante para las audiencias cinematográficas más exquisitas. En el arranque del metraje, Hamer nos sitúa ante las grandes puertas de una lúgubre prisión del ochocientos, por las que va a acceder un “funcionario” encargado de ejecutar las penas de muerte, que por cierto ya comenzará ironizando sobre las buenas maneras requeridas para estos menesteres cuando el reo proviene de alta cuna. El condenado es Louis Mazzini (Dennis Price), que con una sorprendente calma está enfrentando la noche previa a su ejecución. Ultimando una suerte de Memorias sobre su vida, y desde una perspectiva narrativa ssutentada en un prolongado flashback, nos va a contar cómo ha terminado en semejante situación. Todo comenzó cuando su madre, una hermosa joven que pertenecía a la aristocracia, decidió casarse con un cantante de ópera italiano, y en consecuencia fue repudiada por su familia y desprovista de sus privilegios aristocráticos. Para más inri su amado esposo murió cuando nació Louis, y aunque lo imploró en repetidas ocasiones, no consiguió ninguna restitución de su familia, que incluso le negó, a su muerte, ser enterrada en el mausoleo de la casa D’Ascoynes.

Desde ese dramático suceso, y habiendo transmitido a nuestro protagonista todos los conocimientos y la carga simbólica de su alto origen, Louis jura vengarse de todo el clan y alcanzar el tan anhelado título de nobleza del que ha sido apartado. Su extraordinario plan consiste en hacer desaparecer a los ocho pretendientes al título que le estorban -y es importante destacar, todos y cada uno de ellos son interpretados por el extraordinario Alec Guinness-. Y mientras lleva adelante la progresiva ejecución de su árbol genealógico, Louis todavía será capaz de mantener una relación adúltera con su amor de la infancia, la igualmente ambiciosa y ciertamente despreciable -él no escatimará en calificativos en unas cuantas ocasiones a lo largo del tiempo- Sibella (Joan Greenwood), así como de seducir a la bella y aristocrática Edith (Valerie Hobson), viuda de una de sus víctimas en el colmo del cinismo vital.

Un panorama moralmente desolador, en el que el vengador se mueve con una prestancia ligera, ruin y aparentemente descargada de ningún sentimiento de culpa o piedad. Pero es que además, el incisivo retrato socio-cultural de la clasista sociedad británica de la época que Hamer nos proporciona, no deja títere con cabeza. Los estudios psico-sociológicos de los miembros del clan, o de las dos mujeres de la vida de Louis, representan sin duda arquetipos  sustentados en unos valores éticos, sobre los que Hamer, aunque nunca enjuicia, sí nos muestra con clarividencia. Esa distinción social ansiada desde que Louis tiene uso de razón, aparece desarticulada en unos cuantos tipos humanos a cual más deplorable. Y no es cuestión de entrar al detalle para que lols nuevos esepctadores puedan disfrutar de esta historia. Pero sin duda, es la capacidad de Hamer para combinar las diversas y a menudo cxontrapuetas facetas de los personajes, lo que dota a esta película de un status especial.

En todo caso, no puedo evitar referirme al último asesinato, ya fuera de la estirpe, que ha colocado a Louis al borde de la muerte, y tendrá una resolución que de ninguna manera no os podéis perder. Más bien una primera, y en última instancia, sin tiempo para asimilarla antes de los títulos de crédito, una última jugada del destino, un error de cálculo impropio de tamaña mente criminal.

Ya lo veréis.

© Maria Verchili Martí.

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